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La ciudad ideal

José Félix Abad, con motivo de la presentación de la revista, me invita a escribir unas líneas acerca de la imagen que me he forjado de la ciudad ideal, en definitiva, cómo quisiera yo que fuese la ciudad en la que vivo.

Esta petición me llega en un momento en el que estoy llevando a cabo la presentación de un libro publicado por la Universidad de Alicante en el que trabajé el pasado año, una aproximación a la vida y la obra del filósofo francés Emmanuel Mounier en el que resumo su pensamiento político en su ideal de la “ciudad personalista y comunitaria”. Tengo que reconocer que en el despertar de mi vocación política, además de la lectura de otros muchos autores, jugó un papel importante el estudio de la obra de este autor. Me ayudó a comprender la necesidad de la utopía en la vida y muy en especial en la vida política, pero no una utopía que nos sitúe en el mundo solamente del soñar y por tanto en la evasión. No creo en un mundo ideal cerrado, sino en un proyecto siempre abierto y con el cual uno se siente comprometido a realizar. La ciudad ideal para mí tenía un nombre, mi ciudad de Elche y a lo largo de los años he intentado llevar a cabo mi ideal de ciudad, eso sí, partiendo de la realidad y a la vez adaptando los proyectos a esas realidades. La idea central en mi actuación ha sido construir una ciudad humana; frente a la política del espectáculo siempre he pensado que toda actuación debiera ir dirigida a satisfacer las necesidades de la ciudadanía. La adquisición y restauración del Gran Teatro es un ejemplo de ello y que pasado el tiempo, se ha visto que fue muy acertada. Frente a la proliferación de nuevos espacios culturales que se han dado en no pocas ciudades y que al cabo del tiempo se hallan prácticamente vacios, contrasta la acogida que en la ciudadanía tiene nuestro teatro. La ciudad son los ciudadanos, el espacio en el que ellos se reconocen y se sienten reconocidos, el espacio en el que sienten identificados y en el que sienten que la ciudad les pertenece y por ello la restauración de los elementos emblemáticos de la ciudad, es una parte esencial para que los ciudadanos se sientan identificados con la misma. En el mismo sentido, en los nuevos barrios que surgieron como fruto de la inmigración se les dotó de elementos que les identificasen; las chimeneas de la antigua yesería es un ejemplo de ello.

Emmanuel Mounier3La relación de los moradores del municipio se define por la vecindad, el vecino es el cercano. La cercanía en la ciudad se debe llevar a cabo por medio de la integración, de la vertebración de la ciudad. Los planes de los barrios de Patilla o del Cementerio integrándolos en la ciudad, es un ejemplo de cómo se debía traducir en la práctica ese sentido de la vecindad. Integración también de los nuevos espacios industriales con la ciudad y de lo que es ejemplo las modificaciones que se llevaron a cabo en el plan del Parque Industrial de Torrellano que se inauguró en febrero de 1995. La integración física ayuda a la integración de sus moradores. La construcción de la ciudad tiene que tener como objeto que esta sea un lugar de encuentro de la gente. No se trata en el breve espacio de este artículo de llevar a cabo una relación exhaustiva de las actuaciones llevadas a cabo, sino de mostrar algunos ejemplos en los que se refleja la idea fundamental del modelo de ciudad que deseaba proyectar. Teniendo también muy presente que la ciudad no son solo las calles, los edificios, las plazas; la ciudad es fundamentalmente la vida de sus ciudadanos y por ello se ha de tener muy presente todas aquellas manifestaciones que son expresión de la ciudadanía y que se proyectan en las tradiciones, las leyendas, las fiestas… todo ese mundo cultural, espiritual, intangible, que con sus vivencias ayuda a la cohesión de la ciudad.

La actividad política tiene como objetivo el bienestar de los ciudadanos y desde la cercanía de la ciudad es desde donde mejor se pueden percibir las necesidades de los ciudadanos. Una ciudad integrada requiere inclinar la balanza hacia los más débiles y con la promoción de viviendas sociales,  la red de centros de salud implantada en los barrios, las dotaciones escolares y deportivas, así como la supresión de las barreras arquitectónicas para los disminuidos físicos, los planes de prevención de la salud, como también los de asistencia al  domicilio, el municipio se convierte en una factor fundamental en la redistribución de la riqueza y en la creación de una ciudad más igualitaria.

Siempre he soñado con una ciudad que ese sentido de la vecindad, de la cercanía, se proyectase hacia el exterior, potenciando la relación con las ciudades vecinas. La construcción del edifico de la institución ferial IFA es una prueba de ello. Pero esa proyección de la vecindad debe ír más allá de las fronteras de los estados. Las Naciones Unidas recomiendan que el sentido de la vecindad se extienda a todas las naciones en fomento de la paz. La cooperación internacional desde la óptica local ha tenido un gran desarrollo en nuestro país y la actuación de nuestra ciudad tuvo un papel decisivo en ello. La acogida de refugiados durante el conflicto yugoeslavo en el que tanto colaboró la población es un ejemplo de ello.  Lo esencial de la ciudad no es el localismo, sino por el contrario el cosmopolitismo. Los estados se definen por las fronteras, las ciudades por ser lugares de encuentro. La lucha por conseguir día a día esa ciudad más integrada y a la vez más universal, ha sido y es la ciudad por mi soñada.

Manuel Rodríguez Macià.
Dr. en Filosofía y Letras
Alcalde de Elche 1987- 1995            

La ciudad ideal
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